oct
15
2012

La mujeres, principales víctimas del mobbing

mobbing Algunos años atrás leíamos en la prensa que una trabajadora accedió a una prestación económica de la Seguridad Social, pues ésta consideró –tras el oportuno expediente judicial- que el acoso sexual en el trabajo le ocasionó una enfermedad profesional. Durante cinco años no consiguió levantar cabeza, padeció anorexia nerviosa y depresión severa y llegó a plantearse el suicidio. Por suerte recurrió a Acoso sexual y mobbing no es lo mismo pero sí que tienen en común que ambos son un tipo de violencia.

Pero..¿qué es el mobbing?

Aunque haga pocos años que esta palabra haya saltado a los medios y se encuentre ya plenamente instalada en el mundo laboral, el hecho en si ha existido desde que se conocen las relaciones trabajo – salario / hombre – mujer.

Históricamente y casi hasta épocas muy recientes ha sido evidente la  opresión que ha sufrido la mujer. Ya en el Medievo se oprimía  a todos aquellos que no eran  feudales, a los hombres por la propia iglesia y a las mujeres, por todos. Como muestra, la utilización de los cinturones de castidad, el derecho de pernada, la persecución de las brujas, y sobre todo esto, el famoso Concilio del año 585, en el que se discutió – entre hombres – si la mujer poseía alma o no.

Posiblemente la definición más acertada sea la de ACOSO. Hay quien lo ha definido como aquella situación de persecución que de forma premeditada, continua y definida, sufre una persona trabajadora por parte de un igual o un superior y que abarca el insulto, las  amenazas, y otros actos más sutiles que el acosador enmascara: No pasar trabajos o sobrecargar con él, asignar plazos u objetivos inalcanzables, no dar la información adecuada para la realización de las tareas o manipularlas para provocar el error o volverlas humillantes, aislamiento de la persona, ataques a su vida privada, comentarios ofensivos, revelar detalles de su vida, amenazas, gritos……y todo un sinfín de actos de, a veces,  difícil detección.

Estas situaciones se dan principalmente en dos niveles: Jefe / Subordinado (mobbing vertical) y entre Empleado / Empleado del mismo nivel (mobbing horizontal) , aunque las causas pueden ser claramente diferenciadas. El fenómeno es multidireccional.

La jerarquización de las relaciones del trabajo, la reducción de los costes laborales, los conflictos propios o sindicales, los comportamientos personales y otras muchas causas pueden ser el desencadenante de una situación de mobbing.

Y las mujeres son quienes más lo sufren.

¿Cuáles son las consecuencias?

En función del “plan”, la víctima se va debilitando. Se inicia en muchas ocasiones un periodo de bajas por enfermedades psico-sociales-laborales-personales.

Se va provocando un lento deterioro de la confianza en sí misma y en sus propias aptitudes profesionales, las situaciones de baja por enfermedad son aprovechadas y usadas en contra de la persona acosada. La salud se verá afectada por todo tipo de problemas psicológicos, especialmente en la mujer, físicos, fóbicos, de conducta, emocionales…y una larga lista de síntomas que pueden degenerar en situaciones irreparables.

Estas situaciones pueden derivar en lo que se denomina Enfermedad Profesional, aunque, tanto las empresas como las Mutuas e incluso las propias autoridades se resisten a admitirlo.

¿Cuál ha de ser la Prevención?

La entrada en vigor de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales y la posterior normativa que la desarrollaba, las diferentes campañas que la Administración ha puesto en marcha y la exigencia de Formación e Información a todos los trabajadores, han sido unas herramientas que han conseguido avanzar, parcialmente, en este tema.

Pero lo más importante es no callar nunca ante una situación de acoso. No sentirse en ningún momento culpable o parte del problema reaccionando rápidamente buscando todo tipo de ayudas.

Según nos dice el abogado José María García, especializado en Derecho Laboral, empresarios y trabajadores tienen el derecho y el deber de velar por la salud de toda la comunidad laboral, y el mobbing forma parte de los riesgos psico-sociales que deben ser prevenidos y –en su caso- perseguidos. La erradicación de conductas y comportamientos acosadores ha de ser un fin en sí mismo, y debe afrontarse sin excusas y sin indulgencia para aquellos que se arrogan un supuesto derecho a subyugar a otros. La dignidad de las personas está muy por encima de jerarquías –reales o ficticias-, y el Derecho protege a los trabajadores contra los abusos, tanto en el ámbito laboral (El Estatuto e los Trabajadores) como criminal (El Código Penal tipifica las conductas acosadoras más graves y las castiga con penas de cárcel).

Las organizaciones sindicales, las asociaciones de defensa de la mujer, y las autoridades judiciales o laborales, pueden ayudarnos a solventar aquellas situaciones que han llegado a un punto de difícil retorno o mejor, antes de que se llegue.

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