oct
01
2012

Lapsus: las malas pasadas que nos juega la mente

La escena era perfecta. Habían hecho malabares para encontrarse a escondidas ese fin de semana. La magia no se hubiera roto de no ser porque él, confundió el nombre de ella con el de su mujer (de la que venía prometiendo separarse desde hacía meses, claro).

Situaciones similares han sido retratadas infinidad de veces en el cine y en la literatura con diversas cuotas de humor. Otro ejemplo magnífico lo protagonizan las madres que llaman en voz alta a todos sus hijos antes del que en verdad quieren.

Esta suerte de “resbalón mental” llamado lapsus, gracias al cual confundimos nombres, conceptos, ideas, fue descrito por primera vez como tal, por Sigmund Freud. Se trata, de acuerdo a la definición de la Real Academia Española, de una equivocación involuntaria que hacemos al hablar. Reditamos hoy para MSR una entrevista realizada a la lingüista María Antonieta Dubourg donde explica su origen, su vinculación con la lengua y las consecuencias que puede tener a la hora de comunicarnos con los demás.

 

Los lapsus pueden dividirse en dos grandes tipos: los olvidos propiamente y la utilización equivocada de los términos. ¿Qué los diferencia?

Uno es lo que Freud llama “lapsus linguae” que en latín quiere decir resbalón de la lengua. De acuerdo a su teoría, lo que sucede es que hay algo en el inconsciente que está tapado por la parte conciente, pero que permanece ahí latente. Y en lo humanos – en casi todos nosotros -, hay un deseo de que la verdad salga a flote sin que nos demos cuenta.

Existen también lapsus linguae que pueden ser escritos. Por otra parte, está el otro lapsus que es muy común, que es el error del lenguaje por no dominarlo: decir “prejuicio” en vez de “perjuicio”, o “aptitud” en lugar de “actitud”. Puede suceder que el discurso o el texto cambien completamente de sentido.

 

De acuerdo a su experiencia, ¿Hay ejemplos de lapsus más frecuentes? 

Por ejemplo, las madres que llaman a sus tres primeros hijos, cuando quieren llamar al cuarto.

De llamar a la pareja equivocadamente salen todos los chistes, o el que sueña y nombra a la pareja de otra manera.

Después hay otra cosa que no tiene que ver tanto con los lapsus, pero que llama la atención en el lenguaje y son las palabras que vienen como “pegadas”. Por ejemplo, los accidentes son “trágicos” o “espectaculares”. Si una persona que viene haciendo uso de esas palabras en pareja, las cambiara, podría cometer un lapsus porque las maneja como una unidad.

 

¿Ciertos estados anímicos favorecen más que otros la generación de lapsus?

Sí, por supuesto. Una angustia, un tema recurrente, algo que te preocupa… y así dijiste la palabra que estabas pensando y no la que querías decir. Hay otra parte de la teoría de Freud que sostiene que muchas veces hay cosas comunes entre el lapsus linguae y el chiste: uno se equivoca y al mismo tiempo toma a risa la equivocación, que es una manera de defenderse ante los demás. Otras veces los lapsus están relacionados con los sueños, porque uno en ellos recuerda o piensa cosas que después se pregunta de dónde salieron. Lo mismo sucede con en el lenguaje, uno se pregunta qué lo originó, por qué lo dijo y si va para atrás, puede ser que encuentre motivos.

 

¿Hay idiomas que se prestan más para las equivocaciones?

No sé si hay estudios hechos al respecto. Por lógica, pienso que se deben producir muchos más en español porque es un idioma muy rico. Tiene un caudal de 100.000 palabras, de las cuales un hablante culto llega a dominar alrededor de 5.000 a 6.000. Hay más posibilidad de equivocación porque tenemos material para hacerlo.

 

¿Y hay palabras que por sus fonemas se presten más para cometer lapsus?

 Sí, pero no sé si llamarle lapsus a esos errores. Por ejemplo, en lugar de “sinopsis” decir “hipnosis”, eso es muy común. Si a cualquiera de esas personas se le hace escribir esa palabra es probable que la escriba bien, pero si la lee posiblemente lo haga mal.  Eso no es un lapsus, es un error del leguaje.

 

¿Cometes lapsus con frecuencia? ¿Cómo los resuelves?

 

 

Written by in: Entre nosotras | Etiquetas: ,

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