sep
28
2012

Amor en el trabajo: frecuente, clandestino y… ¿conveniente?

Se dice que no “donde está la olla, no …”, pero no siempre se puede hacer caso de lo que se dice. Piénsalo dos veces antes de contestar: ¿no te has imaginado en pareja con quien compartes el despacho? ¿O con es@ compañer@ con quien  siempre coincides a la hora de ir el café?

Martín y Ricardo tienen dos cosas en común. Los dos conocieron a sus actuales parejas en el lugar donde trabajaban. Y ambos mantienen su trabajo, porque las que se fueron de las empresas fueron ellas. Maite en cambio, tuvo un romance con un compañero de empresa estando ambos casados. La relación no funcionó, pero ella no se fue de la compañía, y él tampoco. Ahora, cuando se ven, se saludan discretamente y se limitan a hablar de trabajo (¡¿de qué otra cosa podrían hablar?!).

Si algunos romances surgen mientras buscamos un taxi, en una fiesta, en un concierto o esperando al médico, ¿por qué la oficina sería la excepción? Pasamos cerca de un tercio de nuestro día en el trabajo (¡cuando no es más!),  otro tercio lo dormimos y sólo el tercio restante lo dedicamos a nuestra vida personal.

De acuerdo a un estudio realizado por el Centro de Investigaciones Sociológicas de España (CIS), el 13%  de la población activa de ese país conoció a su pareja en el lugar de trabajo o estudio y en el 67% de las veces, la atracción surgió paulatinamente, al ir compartiendo el ambiente laboral durante horas. “Siempre que nos veíamos había en los dos una cierta picardía por la complicidad que teníamos. De seguro si hubiésemos estado casados y por todos conocido, no habría sido así”, recuerda Ricardo.

In fraganti

La relación puede surgir entre dos compañeros de igual o distinta jerarquía. Cuenta Maite:  “Mi matrimonio no estaba pasando por un buen momento y me enrollé con mi asistente, que también estaba casado. ¡Nunca fui tan arreglada a trabajar! Nos encontrábamos en lugares alejados de la empresa, para asegurarnos que nadie nos viera. Cuando llegaba a casa inventaba una reunión fuera de horario para disimular la tardanza”, recuerda.

Independientemente de la complejidad de cada relación, todas se enfrentan al mismo conflicto ¿público o clandestino?.

“Cuando llevábamos un tiempo de relación, se lo comunicamos a mi jefe, pero no lo hicimos público por represalias de jefes de más jerarquía y sobre todo el jefe de mi pareja”, explica Martín. Para Ricardo, la situación fue similiar: “mantuvimos oculta la relación para absolutamente todos en la empresa. No sabíamos si los jefes lo iban a permitir y si uno de los dos se tenía que ir, preferíamos hacerlo de forma planeada, cuando alguno tuviese otro buen trabajo. Además, para no generar comentarios, malos entendidos”.

 

Si algo produce los amores laborales, son rumores. Gestos cómplices, frases sin terminar, suposiciones que viajan de aquí para allá. Pero pueden provocar también problemas para los propios implicados. De entrar en conflicto la relación, la convivencia en la oficina puede hacerse muy difícil. “Nuestro romance duró poco tiempo. Ninguno se sentía cómodo con la situación. Teníamos que cuidarnos de todos nuestros compañeros, medir nuestras acciones, mentir. Actualmente los dos seguimos trabajando en el mismo sitio y acordamos que lo que sucedió no interferiría en nuestra tarea. Igualmente, la situación no es agradable, es difícil trabajar con un “ex”, cuenta Maite.

Actualmente muchas empresas tienen prohibidas las relaciones afectivas. Incluso lo especifican en el contrato de trabajo. En caso de formarse una pareja y constatarse, uno de los dos deberá abandonar la firma. Por cierto, quien suele dejar el puesto en estos casos son las mujeres. A veces porque su salario es el menor dentro de la pareja; otras, porque es la propia empresa quien incentiva tal decisión, visto que una empleada puede ausentarse, por ejemplo, por licencia maternal, controles ginecológicos anuales, entre otros motivos. Esto plantea un dilema ¿puede una empresa apropiarse el derecho de entrar en la vida personal íntima o en los afectos de sus trabajadores?

Otras empresas parece haberlo resuelto este conflicto Sin embargo, otras empresas, como en la que trabaja Laura, permiten los vínculos afectivos y hasta ponen a disposición apoyo psicológico para los integrantes. “Cuando se lo dijimos a nuestros jefes, la reacción fue muy buena, de apoyo. Si no fuese porque nos teníamos que cambiar de país, podríamos haber seguido los dos en la empresa”, explica.

Las utilidades del amor

Cuando el amor se da en la oficina, puede también que la eficiencia, creatividad y entusiasmo de los trabajadores se vea beneficiada. Una investigación hecha en 2003 por la sexóloga noruega Elsa Aalmas, dio como resultado que las relaciones amorosas entre compañeros de trabajo facilitan un mayor rendimiento laboral y contribuyen a crear un ambiente más distendido. Según Aalmas, uno de cada cinco trabajadores ha tenido romances en el trabajo y uno de cada diez parejas se conoce allí.

Quizá lo más difícil sea no mezclar los ámbitos. Tratar los problemas del trabajo en el trabajo y los de casa en casa;. “Yo estoy seguro que mucho de nuestro éxito como pareja es que los dos nos conocimos sabiendo lo que hacíamos antes de casarnos. Así nos entendemos y comprendemos mejor”, sostiene al respecto Martín. Además, explica que “como no podíamos vernos en el trabajo, por que ella trabajaba fuera de las oficinas y yo en ellas, cuando nos veíamos en reuniones o congresos, nos daba mucho gusto. Estoy seguro que nuestra relación siempre potenció nuestro trabajo”.

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