sep
22
2012

Separación: ¿qué cuesta lo no resuelto?

costos ocultos de los problemas sin resolver

Habitualmente en la vida los costes los medimos en dinero o en afectos. ¿Qué precio económico o afectivo estamos dispuestos a pagar por aquello que queremos obtener? No es algo objetivo, es esencialmente el resultado de una valoración individual, de cuyo balance final cada uno dirá si valió o no la pena.

Estos aspectos están implicados en las relaciones humanas en general, pero cuando se trata de vínculos de pareja se constituyen en dos pilares fundamentales de la relación. Una pareja es la unión de dos personas que se quieren, pero para el Derecho es una sociedad conyugal, un régimen económico patrimonial.  Podríamos preguntarnos: quienes se casan además de quererse, ¿lo hacen sabiendo qué diferencia hay entre capitulación, separación de bienes, o sociedad ganancial? ¿Cuántas parejas hablan sobre cómo abrirán sus cuentas bancarias o de qué manera manejarán sus ahorros? A la hora de formar una pareja nos dominan los afectos y a la hora de disolverla entra en escena de una manera ruidosa y habitualmente muy conflictiva el dinero. ¿Qué pasa con la relación entre ambos aspectos? ¿Por qué es tan difícil integrarlos “sanamente”?

¿Cómo integrarlos sin culpa o vergüenza?

Una adecuada integración requiere, en primer lugar, información. Un alto coste en la vida se paga por ignorancia. Otro aspecto importante, en el cruce del dinero y los afectos, es la sensación de “contaminación” de los sentimientos por lo material, lo que lleva a una especie de disociación arriesgada y costosa que en la pareja, en la mayor parte de los casos, ubica a la mujer en la “administración” de los afectos (sobre todo por el rol de la maternidad) y al hombre en la “administración” del dinero. Esta división es un hecho tan corriente que a la hora de la separación las mujeres generalmente reclaman dinero y los hombres reclaman  el espacio para  la relación con sus hijos. Pero entonces,  ¿qué sucedió? ¿no deberían ser ambos, afectos y dinero, fruto de lo que construyeron juntos y por lo tanto ambos compartidos?

Cuando sobreviene el fracaso

Este es un momento en la pareja en que las pérdidas son inevitables. Todo fracaso en la vida (aunque a veces intentamos desesperadamente evitarlo) tiene la consecuencia de una pérdida. Pero no es fácil asumir la cuota parte de las pérdidas. La experiencia nos muestra que cuando el amor fue dando paso al desamor, a enojos y rencores se intenta que las pérdidas las asuma “el otro”. Y nuevamente se hace evidente la relación inadecuada y preexistente entre afectos y dinero, porque cada integrante de la pareja intenta que el otro pague el costo en lo que más le duele. Así vemos cómo tristemente los hijos y los afectos son colocados en el lugar de una negociación económica, o cómo se intenta cobrar o pagar con dinero dolores afectivos. Más trágico resulta aún cuando el cálculo de los costes económicos lleva a mantener unidas a las personas, ya no por afectos sino por necesidad.

El desconocimiento de los aspectos jurídicos de la situación patrimonial en los vínculos, tiene como consecuencia que al momento de la separación las personas descubren que no tienen los derechos que creían tener. Vemos reiteradamente que quienes se separan intentan trasladar el juicio subjetivo al Derecho objetivo, creyendo que podrán encontrar un recurso legal para validar su reclamación, fruto de un balance claramente unilateral y por lo tanto parcial, la mayoría de las veces basado en premisas equivocadas. Estas situaciones generan mayor enojo aún, lo que sumado a la frustración afectiva, se constituyen para los abogados en separaciones largas y litigantes, donde la interdisciplina con la psicología puede aportar un instrumento útil para que la finalización de los vínculos, sea por negociaciones serenas, justas y por lo tanto menos traumáticas.

Cada cosa en su lugar

Dinero y afectos, afectos y dinero, cada uno con su importancia, cada uno con su claro y justo lugar es la mejor manera de evitar costosos y conflictivos entrecruzamientos. Vivimos una época cambiante, un mundo en crisis, un ser humano cada vez más deshumanizado. Informarnos, prevenir, dialogar, es la mejor forma de crecer. Aprender en momentos de crisis es siempre más “costoso” y más difícil. Por eso estamos abocados a la tarea de pensar antes de actuar y de reflexionar sobre lo actuado para no repetirlo.

Psicoanalista Dra. Gladys Tato

 

 

 

Written by in: Pareja | Etiquetas: ,

3 comentarios »

  • graciela dice:

    yo salí de mi matrimonio por una situación de violencia de género después de luchar casi 7 años y la justicia me condeno a igual que mi esposo y perdí todo lo que hice en 19 años, eso es lo que vivimos las mujeres víctimas de violencia, una doble victimización. Esas san las leyes argentinas caemos en manos de abogados y jueses depredadores. No contemplan el esfuerzo de ambos.

  • Cheche dice:

    Yo he vivido una situación parecida, cuando todo estaba bien, las cosas se compartían sin problemas pero por desgracia, sin nada escrito. Antes de casarnos mi marido compró una casa pequeña en la montaña, y la fuimos reformando con el dinero de ambos, pero cuando nos separamos, yo no tuve derecho a nada. ahora tengo una nueva pareja, y no quiero que esto vuelva a pasar

  • Elena dice:

    Excelente artículo!!

RSS para comentarios de este post.


Deja tu comentario



Diseño http://www.si23.es