sep
16
2012

Yezabel o….¿Erzsébet Bathory?

El deseo de perpetuar la belleza de la juventud ha sido fuente de inspiración para filósofos, escritores y asesinos en serie, recreado en la mitología griega, egipcia y celta, causante de guerras, origen de leyendas y obsesión que ha superado incluso a la del santo grial.

 

Un hecho que ha movido tantas pasiones, lejos de aplacarse con el tiempo, lo vivimos hoy en su momento de máximo apogeo.

Hoy el mundo quiere ser de los jóvenes, pero no de los de 25- 30 años, que como sucede aquí en España son los que más están sufriendo el desempleo y la falta de perspectiva de futuro, sino de los “avenidos a jóvenes”, hombres y mujeres cuya motivación y dinero sostienen la prosperidad de clínicas de cirugía estética, centros para adelgazar, cosmética de “alta gama” e incluso el mercado negro de potingues y tratamientos “non sanctos”, cuyas materias primas no están muy alejadas de las utilizadas por la condesa húngara en el siglo XVII.

Esta obsesión por la eterna juventud es el rasgo que identifica a Gladys Eysenach, la protagonista de Yezabel, la última novela publicada de Irène Némirovsky (Kiev,1903- Auschwitz,1942)

Modelo caricaturesco, verdugo y a la vez víctima, el personaje de Gladys Eysenach concentra una vez más el odio de su autora a la alta sociedad europea de principios de siglo XX (y también una vez más, a su madre) su vacuidad, sus dobleces, su sordidez.

Escasos, tal vez sólo dos, su hija y la sirvienta, son los personajes femeninos en los que es posible reconocer humanidad. El resto, la comadrona, las amigas, son personajes detestables que a través de la adulación y el servilismo establecen la relación con la protagonista en roles cambiantes a lo largo de toda la novela.

Si bien Yezabel no tiene la maestría de “Suite Francesa” ni la simple perfección de “El baile”, su lectura se disfruta con la avidez e interés con las que una lee una novela de intriga.

Una se pregunta si Némirovsky, en alguno de sus viajes a Londres se hubiera cruzado con Freud y, a través del psicoanálisis hubiera podido exorcizar el demonio de su madre… ¿Habría escrito los miles de cuartillas que llenaron esa maleta guardada por sus hijas de donde, años después de su muerte, salen estos tesoros para nuestro disfrute?

Hoy las Gladys Eysenach o las Bathory tendrían la vida más fácil. Afortunadamente la modernidad nos ha traído soluciones. En el mundo virtual de hoy, no será necesario recurrir a la negación de nuestra familia ni al asesinato de jovencitas para bañarnos en su sangre. El Photoshop nos quita papada, pelos intrusos y arrugas delatoras, nos aumenta el busto, afina la cintura y blanquea los dientes. Y así nos convierte en vestales irreales, inalcanzables pero deseadas in eternum, en este glorioso y bendito templo de la interné.

Cecilia Picún Fuentes

Yezabel – Irène Némirovsky

Salamandra. 192 páginas. 15 euros

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