sep
20
2013
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Caprichos sexuales de la lengua

Mentes malpensadas, excepcionalmente, hoy nos referimos a la lengua castellana y algunas dudas de género que nos planteaba Natasha, una seguidora de la página.

¿Por qué existe presidentA, ministrA, alcaldesA, jefA, directorA, etc., pero no existe miembrA?

Miembro se usa como masculino con independencia del sexo del referente, se considera una palabra “neutra”. Hasta hace poco la forma única era “el miembro”. Actualmente el femenino es “la miembro”. La Real Academia Española no acepta miembra (de momento). Por contra, “persona” es femenino, independientemente de si es un hombre o una mujer. O “matrona”. Y en el caso de azafata de vuelo, si es un hombre se utiliza “auxiliar de vuelo” por cuestiones puramente machistas, el origen de palabra “azafata” es la mujer.

¿Por qué EL Agua pero LA Administración?

Algunas palabras femeninas llevan el artículo masculino cuando se expresan en singular. Se trata de palabras que empiezan con ‘a’ en sílaba tónica (en donde ocurre la fuerza de pronunciación) o con ‘ha.’ Se hace para evitar que se una el sonido del artículo singular femenino y la palabra: la ala, la alma… Se emplea el artículo masculino: el ala, el alma… Cuando se pasa al plural se aplica el artículo femenino: “las almas rotas“, “las alas negras“. Si la primera sílaba no es tónica, no es necesario el artículo masculino. Por ejemplo: la azafata, la administración, la astronauta.

¿Por qué en el lenguaje coloquial el miembro masculino tiene género femenino y al revés?

Desconozco la respuesta, yo lo llamaría dislexia sexual. No es grave ni contagiosa.

A esto podríamos añadir la famosa cuestión “¿Por qué si algo es fantástico es “la polla” y si es pesado es “un coñazo”?” Ni lo sé, ni me importa.  A mí lo que realmente me preocupa es que, si limpio los cristales –que ya toca- lavo la moto o voy a la pelu, llueve. Y eso sí que jode (jodienda, palabra femenina).

 

 

Imagen: “Una mujer escribiendo una carta” de Gerard Ter Borch (1617-1681)

 

sep
02
2013
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El síndrome post vocacional

¿Eres mayor de 40 años? ¿Te han despedido? ¿Tienes unos cuantos años de experiencia, que ahora parece ser que no te sirven para nada? ¿Te cuestionas qué vas a hacer y dudas si buscar trabajo en lo tuyo (difícil, eres ya mayor) o si te lías la manta a la cabeza y emprendes -¡hasta los mismísimos de esta palabra!- en algo diferente? En este último caso o tienes pasta o la tienen tu familia y amigos. Si has descartado dedicarte a lo tuyo sufres el llamado síndrome post vocacional. Y es lógico. Tantos años dedicándote a lo que te gusta y ahora sin futuro y encima con una edad vergonzosa. ¿Cómo vas a buscar trabajo, alma de Dios? Cuando me quedé en el paro hace tres años pasé por toda esa fase. Fue un bonita época. Me despidieron el 30 de noviembre, con las fiestas por delante. Recién acabada de divorciarme (con custodia compartida, eso es sin ningún tipo de pensión) y superados los 45 no sabía si cortarme las venas, dormir un mes entero o ir a hacer la compra como si nada. Como tenía que comer y mis hijas también, fui a la compra. No dije nada a la familia hasta enero y me permití un mes para hacer todo lo que no había podido hacer en mi vida. Pasear a las 7 de la mañana, ir a la playa a jugar a palas por la tarde, ir a una residencia a hacer visita a l@s abuel@s, apuntarme al gimnasio (eso sí, en horario reducido para pagar menos), desayunar en la terraza a las 10 de la mañana, hice (y hago) vida en el barrio… y luego empecé a pensar si quería seguir dedicándome a lo mio, a la publicidad. Encontré mil razones para dejarlo: la primera, la edad. Luego que si los horarios, que si la sociedad de consumo, que si los clientes… Tiré por otros derroteros.  Trabajé más de cinco meses en un proyecto que no cuajó porque dos posibles socios no estaban por la labor. Elaboré  otro durante más de un año, con muchísima ilusión. Era un proyecto para la Administración, muy interesada, pero sin recursos (tuvieron el “detalle” de decírmelo transcurrido el año) y con una alta dosis de mediocridad. Una amiga me propuesto hacer “algo” pero ella tampoco sabía el qué. Y entre tanta historia, se iba reafirmando lo que ya estaba claro y yo no quería ver: llevo la profesión en la sangre y ahí es donde debo invertir todos mis esfuerzos porque es lo que me da vida. Nunca me separé del todo de mi trabajo en este tiempo y por ahí es por donde sigo, sin duda alguna (salvo si me toca la Bonoloto). Con todo este discurso lo que quiero deciros son cuatro cosas:

1. Si os quedáis sin trabajo y vuestra profesión os llena, no le deis más vueltas. Es más fácil inventarse una salida de lo que te gusta y conoces que de lo que no te gusta (y no sabes). Salvo que tengáis una afición que podáis convertir en profesión.

2. Aunque os digan que no hay trabajo de vuestro sector o lo veáis imposible, buscad si hay ofertas. Veréis por dónde va el mercado.

3. Mirad de qué manera podéis orientar lo que sabéis hacer. Aplicad el pensamiento lateral: pedid ideas a personas que no tengan nada que ver con vuestro sector. Podéis reuniros con personas en la misma situación pero sobre todo, con espíritu similar al vuestro (descartad a las personas negativas).

4. Aprended cosas nuevas que os gusten, no por obligación sino por placer.  Quién me iba a decir a mi, hace tres años, que iba a dominar a la bestia negra, el maldito facebook… (con permiso de su censura).

Feliz rentrée



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